Cada año tengo alumnos que llegan en abril con el examen a seis semanas y me preguntan si es suficiente tiempo. La respuesta honesta es: depende. Depende de dónde estén, de cuánto puedan trabajar y de qué materia sea. Pero la pregunta más interesante es por qué esperaron hasta abril.
Lo que se puede hacer en cuatro meses que no se puede hacer en seis semanas ¶
Con cuatro meses, se puede repasar el temario completo, hacer exámenes reales por bloques, identificar los errores que se repiten y corregirlos con tiempo. Con seis semanas, hay que elegir. Se trabajan los bloques con más peso y se deja ir el resto. No es lo ideal, pero es lo honesto. Muchos alumnos que empiezan tarde sacan buenas notas igualmente. Pero trabajan con más presión de la necesaria.
Por qué febrero es mejor punto de partida que enero ¶
Enero tiene el problema de que los alumnos acaban de volver de las vacaciones de Navidad y el ritmo de trabajo todavía no está asentado. Febrero es mejor: el curso está en marcha, hay exámenes recientes que sirven de diagnóstico y quedan exactamente cuatro meses hasta la EBAU. Es el momento en que el trabajo rinde más.
Qué hacer en los meses previos si todavía no has empezado ¶
Si estás leyendo esto en marzo o abril y no has empezado a preparar la selectividad, no es tarde. Lo primero es hacer un diagnóstico rápido: qué bloques tienes más o menos claros, cuáles son los que más pesan en tu comunidad y cuánto tiempo puedes dedicar por semana. Con eso se puede hacer un plan realista.
El simulacro como herramienta de diagnóstico ¶
Una de las primeras cosas que hago con los alumnos de selectividad es un simulacro completo en condiciones reales: tiempo limitado, sin apuntes, con el modelo de examen de su comunidad. No para evaluarles, sino para ver dónde están. El resultado de ese simulacro define el plan de trabajo de las semanas siguientes.
Una nota sobre la ansiedad ¶
La ansiedad ante la selectividad es real y no hay que ignorarla. Lo que más ayuda, en mi experiencia, no es decirle al alumno que no se preocupe. Es que llegue al examen habiendo hecho ya el examen varias veces. La familiaridad reduce la ansiedad más que cualquier consejo.
Si quieres saber en qué punto estás y qué tiene sentido hacer desde ahora, una sesión de diagnóstico es el mejor punto de partida. Sin compromiso de continuidad.